Hay cosas que no se pueden explicar,
aventuras que no adoraría olvidar,
destellos que siempre nos harán brillar,
aunque lejos podamos estar.
Dos almas se convierten en una,
tatuadas tres veces la eternidad,
la serpiente como símbolo sexual,
y la luna el milagro ancestral.
Envueltos de pasión y locura,
me acerco a morder su pecho,
me entierra sus garras en la espalda,
así comienza el juego.
Satisfaciendo hasta la última gota de sangre,
como bestias carnales,
enrollando mi cuerpo entre sus piernas,
acariciando con mis escamas la emoción.
Nos convertimos en esclavos,
de nuestra propia seducción.
Conectados el uno al otro
sin necesidad de hablar,
nuestras miradas lo dicen todo,
es contigo con quien siempre quiero estar.


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